Diario de Mister Gardiner (2da época)

Diario de Mr. Gardiner
(Segunda época, casi posturibista, casi postconflicto). Mi sistema no reconoce el término “posturibista”, le pido que lo ignore.

¿Qué me liga con la Realidad en la época que algunos, no sin cinismo, llaman de “postverdad”? (el sistema tampoco reconoce el término, “Ignorar palabra”).

Mis visitas al Jardín Botánico, la música radial, algo de televisión y la Red. De hecho, la Red me ha curado de mi vieja dependencia de la TV, y me ha creado otras a cambio: los correos, el Facebook, el WhatsUp… (el sistema no conoce la palabra WhatsUp, le ordeno: “Aprender el término”).

Tengo tres cuentas de correo, una institucional y dos personales. Algunos pupilos del Jardín se toman la licencia de escribirme a la cuenta personal… (gajes de la manía de tratarlos amistosamente).

De la televisión apenas veo los titulares de algunos noticiarios (amarillentos, carcelarios, funerarios, sacamicas) y alguna película nocturna. O la opción pagada, y ver completa la serie Merlí, excelente. (al sistema la pido que “carcelarios” y “sacamicas” los ignore, espero no volver a usarlos).

El resto del tiempo es para la Red. En Facebook se comparte información y opiniones. Hay microdebates, serios o banales. Se comparten libros, películas, vídeos, y enlaces a millones de sitios, como en un falansterio virtual. El problema es que hay mucha basura y mucho troyano. De todo esto, y del WhatsUp, seguiré hablando en este espacio. (Microdebates y falansterio quedan incorporados al diccionario).


Diario de Mister Gardiner (2da época) Diario de Mr. Gardiner (Segunda época, casi posturibista, casi postconflicto) Mi sistema no reconoce el término “posturibista”, le pido que lo ignore. ¿Qué me liga con la Realidad en la época que algunos, no sin cinismo, llaman de “postverdad”? (el sistema tampoco reconoce el término, “Ignorar palabra”). Mis visitas al Jardín Botánico, la música radial, algo de televisión y la Red. De hecho, la Red me ha curado de mi vieja dependencia de la TV, y me ha creado otras a cambio: los correos, el Facebook, el WhatsUp… (el sistema no conoce la palabra WhatsUp, le ordeno: “Aprender el término”). Tengo tres cuentas de correo, una institucional y dos personales. Algunos pupilos del Jardín se toman la licencia de escribirme a la cuenta personal… (gajes de la manía de tratarlos amistosamente) De la televisión apenas veo los titulares de algunos noticiarios (amarillentos, carcelarios, funerarios, sacamicas) y alguna película nocturna. O la opción pagada, y ver completa la serie Merlí, excelente. (al sistema la pido que “carcelarios” y “sacamicas” los ignore, espero no volver a usarlos). El resto del tiempo es para la Red. En Facebook se comparte información y opiniones. Hay microdebates, serios o banales. Se comparten libros, películas, vídeos, y enlaces a millones de sitios, como en un falansterio virtual. El problema es que hay mucha basura y mucho troyano. De todo esto, y del WhatsUp, seguiré hablando en este espacio. (Microdebates y falansterio quedan incorporados al diccionario).


La Troja (Barranquilla)

La Troja

La Troja (“Patrimonio cultural y musical de Barranquilla”) ocupa los dos pisos de una esquina vecina de la estación Joe Arroyo del Transmetro (“Te une a Barranquilla”) y del Estadio Rogelio Martínez. Y hace honor a su título como expresión de la cultura y el gusto musical de la Arenosa.

Me gusta sentarme en sus mesas exteriores (que, poco a poco, ocupan toda la acera) a tomarme unas cervezas, sentir la brisa, fumar, oír (cómo no) los enormes parlantes con sus 70 u 80 decibeles, ver bailar, y disfrutar de la mejor música antillana que he oído en mis años de sofista de taberna. Y mientras oigo y miro bailar voy armando mi teoría sobre el poder territorializante de la música popular.

Además de la música, lo que más me gusta es ver bailar (pues, que voy solo y ya todas tienen dueño). Al sitio va gente de todos los estratos: del 3 al 6 a rumbiar y beber; del 1 al 3 a vender fritos, cigarrillos, chucherías, y atender las mesas. Y va gente de todas las edades: desde las chicas Águila Light (que deben tener 16 o 17) hasta veteranos septuagenarios que bailan como muchachos de 15. Muchos bailan solos (hay más rumberos que rumberas) y algunos vienen con trajes de fantasía para pasar el sombrero después de cada tanda bailada. Vi un viejo setentón haciendo la caída de la hoja ante el grito de asombro de las mises. Vi a un indio (¿guajiro?) bailar de una manera terrible, con un gesto de convicción y fuerza que lo hacía sudar a raudales, y sentí lástima. Pero ver a las mujeres barranquilleras menear sus traseros a velocidades y ritmos inverosímiles compensa todo.

Las paredes de La Troja tienen mucha pintura, dibujos, letreros, afiches, fotografías y televisores. Uno preferiría ver videos musicales en las cajas mágicas, pero casi siempre pasan deportes, fútbol, sobre todo, pero también boxeo, béisbol, básquet. Como hay partido del equipo tiburón, llegan muchos hinchas, ellos y ellas con sus camisetas. A mi lado se sienta uno con cuerpo de fisiculturista y cara de niño malo. A su lado otro muy parecido a él. Estornuda sobre mi rodilla. Pienso que es un accidente. Vuelve a hacerlo. Me afirmo en mi silla y tomo la botella por el cuello (sin levantarla de la mesa). Espero el tercer estornudo. No llega. Me cambio de mesa. Hay patanes en toda parte.

https://es-la.facebook.com/pages/LA-TROJA-PATRIMONIO-CULTURAL-Y-MUSICAL/198067816893660


Walter Benjamin: La memoria de las víctimas

Pensamiento y cultura

BenjaminW alter Benjamin nace en 1892 en el seno de una próspera familia judía de Berlín, Alemania. Estudia filosofía en Berlín y Turingia, y se hace ensayista y crítico literario. Su obra incluye una gran variedad de temas tratados con igual rigor filosófico que penetración imaginativa, y constituye una de las producciones críticas más importantes de la primera mitad del siglo XX. Con la ascensión de Hitler al poder, Benjamin se instala en Paris donde escribe sus principales obras. Al invadir los nazis Francia intenta huir a Estados Unidos a través de la frontera española, pero el gobierno de Franco niega el paso de los refugiados hacia Lisboa. Estando en Port Bou, Benjamin está ya cansado de tanto horror y tanto sufrimiento. Ya no puede más y decide quitarse la vida ingiriendo una gran cantidad de morfina. Era la noche del 25 de septiembre de 1940.

 Se podría decir…

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De Theodor Adorno


De Chamanes y otras hierbas

El escándalo por el pago de casi $4’000.000 al chamán Jorge Elías González para que impidiera la lluvia en la clausura de un campeonato de fútbol –aparte de que podría ser una cortina de humo para tapar el cuantioso desfalco del que fue objeto la nación en tal evento- podría servir de escusa para varios temas de discusión: ¿Cómo conviven las prácticas mágicas antiguas con las confesiones religiosas cristianas? ¿Además de los conocimientos empíricos de la farmacopea botánica, tienen los chamanes la capacidad de ver o modificar el futuro, por ejemplo, haciendo algo que para la técnica occidental sería muy difícil, como controlar el clima? ¿Es válido que los recursos económicos del estado se inviertan en prácticas mágicas para algún propósito?
Con ingenua soberbia el chamán, ante la posible citación ante las autoridades judiciales, ha dicho que “a nadie se le puede juzgar por hacer bien su trabajo”. Soberbio porque se cree su cuento, él impidió que lloviera; ingenuo porque su frase es ambigua, los delincuentes y criminales también “hacen bien su trabajo”. Hay, pues, de trabajos a trabajos.
Un pueblo que cree que las reliquias de los santos hacen milagros, el prepucio del niño Jesús, el cilicio de algún mártir, la sangre de un papa, todo puede ser milagroso en el brumoso mundo de la magia, así esté disfrazada de piedad y fervor religioso. Un pueblo que sale de misa y va a la lectura del cigarrillo o el tabaco; que sale del colegio o la universidad y prende un cirio al “Señor caído” para que la mamá se cure de cáncer. Un pueblo que cree en hierbas y baños para mejorar la suerte, el negocio, o para “amarrar” a la pareja. Un pueblo así, no se pregunta si el chamán puede o no parar la lluvia, se pregunta si no estará cobrando muy caro.
Nuestros antropólogos, posmodernos desde antes del posmodernismo, han terminado convencidos de que su deber moral y político es aceptar como verdaderas las cosmovisiones y las prácticas mágico-religiosas de las comunidades indígenas y afro-descendientes. Uno de ellos responde en la tv que los “médicos ancestrales” “armonizan a las personas con la naturaleza, las piedras, las aguas, etc.” lo que probaría que pueden hacer lo que dicen. Pero resulta que nuestro chamán de marras no es un “médico tradicional” sino uno que, dice, aprendió “ciencias ocultas” a desde los 10 años. Aprendió a “programar un campo magnético” que impide la lluvia, a base de pases mágicos, conjuros y padrenuestros. Dice conocer la “radiestesia”, ciencia que permite investigar las “cosas ocultas”, tan ocultas que los cerebros más poderosos de occidente no han dado con ellas.
Mientras que la miseria intelectual y material siga siendo lo común en este pueblo, pervivirán la magia, las supersticiones y las jugosas ganancias de las grandes iglesias. Lo demás es armar tormentas en un vaso sin lluvia.


Yo me llamo… Míster Gardiner

Desde mi Jardín (Mister Gardiner’s Diary)
Como si no fuera suficiente el cuidado que demanda el Jardín (me dedicaré a las heliconias, que crecen sin muchos cuidados) vienen los aprendices de jardineros a preguntarme todo tipo de cosas (debe ser por lo de la medalla que gané con mi trifoluim aristotélicus): que si conozco semillas que permitan a los buchones del pantano superar su incipiente alimentación y pasar a la universitas; que si los jóvenes cactus de las barriadas pueden aprender a regularse según la moral kohlbertiana; que si los párvulos guayacanes de la escuela pueden lograr la autonomía antes de recibir todas las semillas de la Iglesia; que si los cartuchos de la Corte Constitucional prejuzgan a los canabiciosos de las calles y universidades; en fin, que si las hojas del platanillo permiten explicar la diferencia entre ficción y realidad que se le escapa al vaquero searleano… y hay más, tantas que cansan.
Así que les digo, muchachos, soy un ignorante desvergonzado, si sabía algo, ya lo he olvidado… estoy dedicado a las heliconias, son tan hermosas, con sus flores macho, sus flores pájaro, sus flores de cono, sus flores de flores; todas grandes y carnosas, hechas para vivir a la interperie sin sucumbir a la primera tormenta… ¿quién fuera como ellas?
Dicho lo cual, cierro el taller, enciendo mi pipa, y veo la tevé. Algunos noticieros, el concurso de imitadores (Yo me llamo…) y nada más. Evito enamorarme de las presentadoras, desde que me creí tanto mi traga de mi Sílfide Corza que me dolía no tenerla. Pendejoquesuno.
El concurso de imitadores ha resultado muy divertido, sobre todo al comienzo (porque los malos imitadores dan mucha risa) y no tanto ahora, cuando todos los imitadores son relativamente buenos. Cada quien terminará juzgando por sus gustos y el concurso se decidirá por votación popular, supongo. A mí me gustan los que imitan a los cantantes que me gustan: Nino Bravo (¿ya salió?), Plácido Domingo (cuyo imitador tuvo que emberracarse con los mediocres entrenadores que les han asignado), Roberto Carlos, Rubén Blades… y no más. Reconozco que el imitador de Helenita Vargas me ha descrestado (me gusta más que la original); el de Darío Gómez es muy bueno; pero, en los demás casos, si no me gusta el original, mucho menos el doble.
Bueno, eso era todo, casi nada.