La sonrisa horizontal

Del arte de sonreír con naturalidad

 

Es vicio todo lo que se agrega a nuestros imperativos
profundos, todo lo que nos deforma y perturba sin necesidad. Hasta la risa y la
sonrisa son vicios.
” -Cioran, La
caída en el tiempo
.

 

Creo que el tremendista Ciorán nunca sonreía por cortesía. Al presentador
de televisión le toca por oficio. Pero hasta para sonreír se necesita estilo, y
como la gracia del estilo es que no se note, la gracia de la risa es que sea
natural. Se requiere cierto arte para ser natural; y aunque la mueca del mono y
la risa del loro nos den risa… carecen de arte.

¿Han visto que a los ciegos difícilmente les sale una bella sonrisa? y
pienso en seres hermosos como José Feliciano o Ray Charles (Stevie Wonder s
í la tiene como permanente). Esto es porque la
risa, lejos de ser un simple reflejo, es la respuesta a la risa del otro (o
mejor, a la risa amorosa de esa otra que te meció en sus brazos). Cuando se
dice que la risa sale de adentro, no es del ombligo, es del alma que reconoce
al otro. Por eso los primeros que ríen son los ojos, y a veces con eso basta.

Pero como se trata aquí de hablar de las sonrisas viciadas, mejor voy
ambientando con la definición que da el Gringo Viejo en su Diccionario del Diablo:

“Risa, s.
Convulsión interna, que produce una distorsión de los rasgos faciales y se
acompaña de ruidos inarticulados. Es infecciosa y, aunque intermitente,
incurable. La tendencia a los ataques de risa es una de las características que
distinguen al hombre de los animales, que se muestran no sólo inaccesibles a la
provocación de su ejemplo, sino inmunes a los microbios que originariamente
provocaron la enfermedad…”

 

Haciendo de bienpensante y abogado contra el Diablo, diré que esa
distorsión facial puede tener todo el encanto de los rostros hermafroditas que
pintó Leonardo (incluyendo el supuesto misterio de Monalisa, que no es tal,
porque le bastaba tener al frente a Leonardo).

A lo que iba es a que no me gustan las sonrisas permanentes y forzadas de
algunas presentadoras. Muy bellas ellas, pero que estarían totalmente vacías de
encanto, si no fuera por sus ojos románticos o pícaros. Uno las preferiría
serias. ¿Han visto que hay personas que pierden su encanto cuando hablan, o
cuando ríen? Y una risa escasa o esquiva siempre se agradece más que una
permanente (es lo que me gusta en Inés María Z., o en Maríu –a quien califiqué con
5 estrellas este viernes a las 7, o en mi Sílfide Paloma, que hasta parece
tímida…ay, o en la niña Cata).

Así que, mientras podamos, seamos pesimistas frente a la risa que parece
mueca, que según Bierce, es la del optimista, (parodiando a la filósofa
argentina Mafalda de Q. me pregunto ¿están tan malos los tiempos como para que tengamos que ser optimistas?).

“Optimismo, s.
Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es
bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal. Es
sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados a una suerte
adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una mueca que simula una
sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad
intelectual, no cede a ningún tratamiento, salvo la muerte. Es hereditaria,
pero afortunadamente no es contagiosa.”

“Pesimismo, s. Filosofía impuesta al
observador por el desalentador predominio del optimista, con su esperanza de
espantapájaros y su abominable sonrisa.” (Ambrose Bierce

Y como yo soy un budista piadoso,
terminaré con esta cita del filósofo místico del vacío:

 Puesto
que somos incapaces de vencer nuestros males, los cultivamos y nos complace
hacerlo. Esta complacencia hubiera sido una aberración para los antiguos que no
admitían mayor voluptuosidad que la de no sufrir. Menos razonables, nosotros
pensamos de otra manera al cabo de veinte siglos de considerar que la convulsión
es signo de avance espiritual. Acostumbrados a un Salvador torcido, deshecho,
gesticulante, somos incapaces de saborear la desenvoltura de los dioses antiguos
o la inagotable sonrisa de un Buda, sumergido en una beatitud vegetal.
Pensándolo bien, ¿no habrá tomado el nirvana su secreto esencial de las
plantas? Sólo accedemos a la liberación tomando como modelo una forma de ser
opuesta a la nuestra.
” -Ciorán, La
caída en el tiempo,
(La Chute dans le Temps, 1966).

Coletilla Zen: Pero
que no les pase con esta paradoja de la risa artísticamente natural, lo que le
pasó al ciempiés del cuento zen, que al escuchar a dos hormigas preguntarse
cómo haría para mover armónicamente sus cien pies, se enroscó a pensarlo y no
pudo caminar más.

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