Un ejercicio académico (2)

3. Persuasión razonable y persuasión manipuladora.

Un auditorio concreto puede considerar que determinado
argumento o argumentación es verosímil o razonable, bien sea porque su
pretensión de validez se percibe como pertinente para un caso particular, o
bien porque tal pretensión parece ser verdadera o válida en general, es decir,
califica para ser aceptada por cualquier auditorio razonable (y pertinentemente
calificado).

Pero la crítica tradicional a la retórica psicagógica ha
insistido en el hecho, innegable, de que la argumentación también suele ser
usada para engañar, manipular o inducir al error. En lo que sigue, me apoyaré
en las reflexiones de J. Habermas sobre las patologías de la comunicación (en
el marco de su teoría de la acción comunicativa) para tratar de dilucidar el
uso manipulativo de la argumentación.

En un ensayo de 1974, “Consideraciones sobre patologías de
la comunicación”, Habermas señalaba que la necesidad de analizar el proceso de
entendimiento desde la dinámica de producción de un acuerdo, se basa en el
hecho de que el pleno entendimiento no es el estado normal de la comunicación
lingüística. De hecho, lo típico son “los estados de esa zona gris entre la incomprensión
y el malentendido, la no veracidad intencional y la involuntaria, la
incongruencia velada y la abierta, por un lado, y el estar de antemano de
acuerdo y el entendimiento, por otro” 

Para Habermas, por esa época, el entendimiento, lingüísticamente
(argumentativamente) mediado, es “un proceso que trata de superar la no
comprensión y el malentendido, la no veracidad frente a sí y frente a los
demás, la no concordancia en suma, y ello sobre la base común de pretensiones
de validez que se enderezan a un reconocimiento recíproco.”

Nos interesa aquí aclarar cómo es posible “la no veracidad
intencional”, “la incongruencia velada”, es decir, aquellos casos en los que el
orador no está orientado por los criterios de una argumentación que busca el
acuerdo por medios sinceros y honestos. Reconociendo, a primera vista, no hay
nada de irracional en el hecho de querer ganar fraudulentamente la adhesión del
otro, o la derrota del contendor ante el auditorio (la falta del sofista no es
de racionalidad, es de moralidad).

En el mismo ensayo, Habermas aclara el papel de la mentira
en lo que él llama la “comunicación sistemáticamente distorsionada”:

“… las mentiras, cuando constituyen un ingrediente
declarado y permitido de la acción estratégica, son inofensivas para la
organización interna del habla. Sólo cuando sirven a velar un conflicto pueden
distorsionar la comunicación. Pero en este caso lo que se viola no es la
presuposición de verdad, sino otro presupuesto de la comunicación, a saber: la
veracidad. El hablante no expresa verazmente su intención; sabe que su
enunciado es falso y oculta a los demás que lo sabe.”

En este período de su pensamiento, Habermas analiza las
distorsiones de la comunicación en términos del conflicto psico-social que
ellas suponen:

“Las comunicaciones sistemáticamente distorsionadas son
expresión de un potencial de conflicto que no se puede reprimir por completo,
pero que tampoco puede llegar a ser manifiesto. Por una parte, la estructura de
la comunicación queda, por así decirlo, deformada bajo la violencia de
conflictos no resueltos, porque la base de validez del habla sufre menoscabo;
por otra, esa estructura deformada es a la vez la forma de estabilización de un
plexo de acción, que ciertamente lleva la carga de un potencial de conflicto,
pero que en cierto modo también liga tal potencial. Se trata, pues, de
conflictos que ni afloran abiertamente, ni se resuelven consensualmente, sino
que, por así decirlo, siguen humeando bajo la apariencia de acción consensual,
con el consiguiente efecto de distorsión de la comunicación.”

Se trata de un círculo vicioso en el que se mueven “los
conflictos de identidad, por un lado, y las estructuras de la comunicación
distorsionada, en que esos conflictos se arrastran, por otro…”

Más adelante, ya en los primeros trabajos sobre la teoría de
la acción comunicativa, Habermas integrará estas reflexiones sobre la
comunicación distorsionada en el tipo de acción que llamará “acción
estratégica”, la cual, como acción orientada al éxito (y a la eficacia) será
opuesta a la acción orientada al entendimiento que es la “acción comunicativa”:

“… a una acción orientada al éxito la llamamos estratégica
cuando la consideramos bajo el aspecto de observancia de reglas de elección
racional y evaluamos el grado de eficacia cosechado en el intento de influir
sobre las decisiones (¿o creencias?) de un oponente racional”.

Esta “acción estratégica” es una variante de la “acción
instrumental”, de la que se distingue porque mientras que esta última “puede ir
asociada a interacciones sociales”, la primera “es una acción social”.

Por otra parte, la acción comunicativa se da “cuando las
acciones de los actores participantes no quedan coordinadas a través de
cálculos egocéntricos de intereses, sino a través del entendimiento
(Verständigung). En la acción comunicativa los agentes no se orientan
primariamente por o a su propio éxito, sino por o al entendimiento.” 

En un texto de 1988 , Habermas resume así la contraposición
entre la acción comunicativa y la acción estratégica:

“Hablo de “acción comunicativa” versus “acción estratégica”,
según que las acciones de los distintos actores se coordinen a través del
“entendimiento” o del “ejercicio de influencias mutuas”. Desde la perspectiva
de los participantes estos dos mecanismos de interacción y los correspondientes
tipos de acción se excluyen mutuamente. No pueden emprenderse procesos de
entendimiento con la intención de llegar a un acuerdo acerca de algo con un
participante en la interacción y simultáneamente con la intención de obrar
causalmente algo en él. Desde la perspectiva de los participantes un acuerdo no
puede imponerse desde fuera, no puede venir impuesto por una de las partes a la otra,
bien sea instrumentalmente mediante una intervención directa en la situación de
acción, bien sea estratégicamente mediante el ejercicio de un influjo indirecto
sobre las actitudes proposicionales del prójimo, que el actor calcula con
vistas a su propio éxito. Lo que a todas luces se ha producido por influencias
externas (gratificaciones o amenazas, sugestión, o inducción a engaño) no puede
contar intersubjetivamente como acuerdo; tal intervención pierde su eficacia en
punto a coordinar la acción.”

La acción estratégica, que es la que aquí nos interesa, se
subdivide en dos variantes, que podríamos descomponer en esta disociación
filosófica en abanico:

 

1. Acciones sociales

1.1. Acción
estratégica

1.1.1. Acción estratégica
encubierta

1.1.1.1. Engaño consciente
-Manipulación

1.1.1.2. Engaño
inconsciente (comunicación

        
sistemáticamente distorsionada)

1.1.2. Acción
abiertamente estratégica

1.2. Acción comunicativa

 

Fig. 1: Tipos de Acción Estratégica (Adaptado de Habermas,
1977, p. 386)

No estoy convencido de que estas disociaciones, que en
Habermas son simplemente clasificatorias, sean auténticas disociaciones
filosóficas en el sentido de Perelman. Pues como parte de un discurso teórico o
explicativo, aspiran a dar cuenta del plano de la realidad; así hablen de
fenómenos como el engaño y la manipulación (que señalan al plano de la
“apariencia”).

De todos modos, el esquema habermasiano nos permite una
tipificación del tipo de acción social (lingüísticamente mediada) que llamamos
‘manipulación’ como un tipo de acción social, estratégica, encubierta, de
engaño consciente (por parte del hablante u orador). En términos de Habermas:

“En las situaciones de acción estratégica encubierta, a lo
menos uno de los participantes se comporta estratégicamente, es decir, engaña
al otro simulando un cumplimiento de las condiciones de la acción comunicativa.
En las comunicaciones sistemáticamente distorsionadas, a lo menos uno de los
participantes se engaña a sí mismo al no ver que está actuando estratégicamente
y manteniendo sólo la apariencia de acción comunicativa.”

A diferencia de la “comunicación sistemáticamente
distorsionada”, que obedece a patologías psico-sociales de las que el sujeto no
es conciente, la manipulación es un engaño realizado conscientemente por el
orador. Aquí cabe todo el espectro de las llamadas ‘falacias’ o ‘sofismas’ y
podríamos incluir lo que F. van Eemeren llama ‘estrategias retóricas’ en el
debate dialéctico.

 

4. consideraciones finales.

La sospecha sobre el uso manipulativo de la retórica motivó
a Aristóteles (y antes de él a Isócrates) a proponer una retórica filosófica.
En la modernidad, la retórica clásica de Ramus y sus seguidores volvió a
levantar la sospecha sobre una retórica limitada a la forma de la expresión y
llevó a Perelman a proponer una nueva retórica que, reuniendo la retórica y la
dialéctica aristotélicas, recuperara la posibilidad de convencer, además de
persuadir, y de dirigirse tanto a la razón como a la emotividad.

El enfoque perelmaniano, más sensible a los aspectos
descriptivos, sociológicos y relativistas de la actividad argumentativa,  que a los prescriptivos, psicológico o
universalistas, no deja de suscitar perplejidades: ¿Cómo saber que una
argumentación se dirige al auditorio universal o a un auditorio particular?
¿Cómo saber cuándo un argumento es convincente y cuando es persuasivo?  ¿Cómo saber si la eficacia de un argumento se
logró mediante ideas y procedimientos aceptables o mediante sugestión?, y aún
más ¿Puede ser el auditorio universal resultado de una manipulación (y con él,
los criterios de lo verdadero y lo bueno)?

Creo que la teoría habermasiana de la acción comunicativa
señala una solución para algunas de estas preguntas. Por un lado, propone un
“principio de universalización” (análogo de la inducción) del discurso
práctico, y una distinción entre valores culturales adscritos a un contexto y
valores prácticos universalizables.

Por otro lado, la hipótesis de que todo el que usa el
lenguaje con intención comunicativa entabla una serie de pretensiones de
validez, nos permite ampliar la gama de argumentos sobre ‘lo real’ y ‘lo
preferible’ con pretensiones de universalidad.

Finalmente, la
distinción entre acción comunicativa y acción estratégica brinda un marco de
análisis para los fenómenos de comunicación distorsionada y usos manipulativos
de la argumentación; marco que aquí nos hemos limitado a señalar.

Notas:

[1]
Nietzsche: Escritos sobre retórica,
Trotta, 2000, p. 181

[2]
Bice Mortara Garavelli (1988): Manual de
retórica
. Cátedra, 1991, p. 19

[3]
Perelman-Olbrechts: Tratado de la
argumentación
. Conclusión. Cito de The
New Rhetoric. A Treatise on Argumentation
.
Edit. U. De Notre Dame,
Londres, 1971.

[4]
Alfonso Reyes: La crítica en la Edad
Ateniense
, F. C. E. , 1961, p. 57

[5] E. Damblon, Argumenter en démocratie, Éditions Labor, Bruxelles, 2004, p. 7.

[6]
“… la retórica, el antiguo arte de persuadir y convencer” Dice Perelman en El Imperio Retórico, (1977), Norma,
1997, p. 12

[7]
El Imperio Retórico. p.p. 20-21

[8]
Ver: El Imperio Retórico, p. 3

[9] Véase el artículo de Perelman: “The
rational and the reasonable
”, para el volumen: Rationality To-day, University of Ottawa Press, 1979.

[10]
Los discursos especializados suelen estar dirigidos al auditorio universal;
mientras que los discursos de élite son normalmente válidos para auditorios
particulares, a menos que la élite se considere a sí misma como iluminada, como
poseedora de la verdad absoluta, y como única representante auténtica del
auditorio universal.

[11]
E. Dupréel, Sociologie Générale, P.U.F., 1948, citado por Perelman en el
Imperio Retórico, p.p. 49-50

[12]
Imperio Retórico, p.p. 50-51

[13]
En Habermas, J.: TEORIA DE LA
ACCIÓN COMUNICATIVA, ESTUDIOS PREVIOS Y COMPLEMENTOS.
REI México, 1992.
p. 199.

[14]
Obsérvese la semejanza de este
concepto del proceso de entendimiento con la idea de la retórica como “estudio
del malentendido y de las maneras de remediarlo” que, según Perelman, tenían J.
Paulhan e I. A. Richards (Véase I. R. p. 70)

[15] Ídem, p. 214.

[16] Ídem, p.p. 215-216

[17]
Ídem, p. 229

[18]
J. Habermas: “Aspectos de la racionalidad de la acción
(1977), en TEORÍA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA, ESTUDIOS PREVIOS Y COMPLEMENTOS.
Op. cit. p. 385

[19]
Ídem, p. 385 Enseguida
aclarará que “… esto no significa que los sujetos que actúan
comunicativamente no puedan orientarse también
hacia su propio éxito; más en el marco de la acción comunicativa sólo pueden
alcanzar el éxito que apetecen, a través de un entendimiento logrado: el
entendimiento es determinante para la coordinación de sus acciones.”

[20]
Crítica de la teoría del significado”, en El pensamiento postmetafísico. Taurus, 1990, p. 131

[21] Habermas, 1977, p. 386

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