Más falacias

Falacia de la GENERALIZACIÓN PRECIPITADA

 

Las falsas inducciones
de algunas experiencias particulares, son una de las más comunes causas de los
falsos juicios de los hombres.
Lógica de Port Royal.

 

Surge este sofisma cuando se generaliza a partir de casos
que son insuficientes o poco representativos.

  He conocido tres: se ve que todos los costeños
son perezosos.

 

Se presentan las premisas como si aportaran un fundamento
seguro a la conclusión, cuando, en realidad, le ofrecen un sustento deleznable.

 

Si un sacerdote
lascivo hace algo indecente, enseguida decimos: ¡Mira qué ejemplo nos da el
clero! Como si aquel sacerdote fuera el clero.
T. Moro.

 

Con frecuencia los ejemplos que pecan de insuficientes no
son ni típicos, ni siquiera representativos. Así ocurre con lo que podemos
llamar el argumento de mis parientes basado en informaciones familiares:

 

Todos sus amigos
lloraron la muerte de la actriz y empresaria que los halagaba con grandes
fiestas y contratos (como quien dice: todo el país lloró por su muerte).

 

Conducen a generalizaciones extremas a partir de un caso
aislado que no es típico. Nuestro grupo de contertulios, aunque sea plural, tal
vez no refleja los criterios predominantes del país… etc.

Otro ejemplo: “Todo el
país (y hasta todo el mundo) salió a la calle a la marcha de protesta”

Cuando muchos se quedaron en su casa, se fueron a otro sitio
o decidieron no marchar. Y en muchas regiones del país y países del mundo, ni
siquiera se enteraron de la marcha.

   Los prejuicios, en
especial los elaborados sobre razas o naciones, tienen su origen en una mala
generalización (que se asocien o no intereses materiales es otra historia). Si
nos molesta el vecino de arriba porque es un bogotano alborotador, no
generalizaremos que todos los bogotanos son alborotadores, ya que conocemos
muchos que no lo son. Pero si nuestro vecino de arriba es costeño, tal vez no
concluyamos de la misma manera.

 

El odio extendido es igualmente fruto de una mala
generalización, sin la cual no sería posible la guerra. Para que el deber
consista en herir o matar sin saber quiénes son las víctimas, necesitamos
generalizar el odio y que todos los enemigos parezcan similares. Es preciso
uniformarlos, cosificarlos, convertirlos en cualesquiera.

 

  ¿Por qué no he de matarlo? Es un inglés, un
enemigo. [2]

Tiene que ser
terrorista, estaba ese día en el campamento de la guerrilla.

 

   La generalización
del odio es tan fantasmal como el amor universal, siempre merecedor de la mayor
sospecha. El amor es incompatible con la generalización. Se deposita en objetos
singulares a los que se diferencia, se destaca del común, se particulariza: una
esposa, un amigo, o un libro. Cosa distinta es la caridad.

 

Siempre he odiado a
todas las naciones, profesiones y comunidades, y todo mi amor va dirigido hacia
las personas concretas
(SWIFT). [3]

 

  Es posible que, pese
a la indigencia de los datos, una generalización sea buena, esto es, que su
conclusión sea verdadera. Habrá que atribuir la puntería al olfato, la
intuición o la buena fortuna de quien la propone, pero nunca a la solidez de un
argumento que, no por atinar, deja de ser falaz. ¿Y qué importa, si hemos
acertado? Hemos acertado por casualidad, no por hacer las cosas bien. Si aquí
ocurre como en la lotería, bien pudiera ser que la fortuna no regrese jamás. Lo
malo de los aciertos casuales es que hipertrofian la confianza en los malos
procedimientos.

 

  Otras falacias que
acompañan a las generalizaciones son: Conclusión desmesurada, Falacia
casuística, Falacia del embudo, Falacia del Secundum quid.

______________________________________________________________________

CUADRO SINÓPTICO DE LAS DISTINTAS FALACIAS QUE ACOMPAÑAN A
LAS GENERALIZACIONES

 

Si
generalizamos desde casos insuficientes o excepcionales, cometemos una falacia
de Generalización precipitada.

– Si nuestra generalización va más lejos de lo que autorizan
los datos, incurrimos en una falacia de Conclusión desmesurada.

– Si negamos que las reglas generales tengan excepciones o
si aplicamos una regla general a una excepción, cometemos una falacia de
Secundum quid.

– Si rechazamos una regla general porque existen
excepciones, caemos en una falacia Casuística.

 

– Si rechazamos la aplicación de una regla apelando a
excepciones infundadas, incurrimos en una Falacia del embudo.

 

[1] Cicerón: Sobre la
naturaleza de los dioses
. III, 89.

[2] Dumas: Los tres
mosqueteros
.

[3] Swift: Epistolario.

 

Adaptado de: USO DE RAZÓN. DICCIONARIO DE FALACIAS. ©
Ricardo García Damborenea



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