La fórmula de la sabiduría china

UNA
FORMULA SEUDOCIENTIFICA

Comencemos
con un examen de la conformación mental china, que produjo esta filosofía de la
vida: gran realismo, inadecuado idealismo, un alto sentido del humor, y una gran
sensibilidad poética hacia la vida y la naturaleza.

La
humanidad parece estar dividida en idealistas y realistas, y el idealismo y el
realismo son las dos grandes fuerzas que moldean el progreso humano La arcilla
de la humanidad se hace suave y dócil por el agua del idealismo, pero la
materia que la tiene unida es, después de todo, la misma arcilla, pues de lo
contrario podríamos evaporarnos todos, convertirnos en Arieles. Las fuerzas del
realismo y del idealismo se tironean una a otra en todas las actividades
humanas, personales, sociales y nacionales, y el verdadero progreso se hace
posible por la apropiada mezcla de estos dos ingredientes, de modo que la arcilla
se mantenga en su condición ideal, dócil, plástica, a medias seca y a medias
húmeda, ni endurecida e inmanejable, ni disuelta en barro. Las naciones más
sanas, como la inglesa, tienen idealismo y realismo mezclados en las debidas
proporciones, como la arcilla que se mantiene maleable y no se endurece
quedando fuera del estado en que puede modelarla el artista, ni se hace tan
aguada que no pueda conservar la forma modelada. Algunos países se ven
arrojados a perpetuas revoluciones porque en su arcilla se ha inyectado algún
líquido de ideales extraños que no está debidamente asimilado todavía, y por
ello la arcilla no puede mantener su forma.

Un
idealismo vago, no crítico, se presta siempre al ridículo, y un exceso de él
puede ser un peligro para la humanidad por conducirla en giros constantes e
inútiles a la caza de ideales imaginarios. Sí hubiese demasiados de estos
idealistas visionarios en cualquier sociedad o pueblo, las revoluciones
estarían a la orden del día. La sociedad humana sería como una pareja idealista
que siempre se cansara de un lugar y cambiara de residencia regularmente cada
tres meses, por la sencilla razón de que ningún sitio es ideal y el lugar donde
uno no está parece siempre mejor porque uno no está allí. Por fortuna, el
hombre está también dotado del sentido del humor, cuya función, según la
concibo, es la de ejercer la crítica de los sueños del hombre, y ponerlos en
contacto con el mundo de la realidad. Es importante que el hombre sueñe, pero
es quizá igualmente importante que pueda reírse de sus sueños. Este es un gran
don, y los chinos lo tienen en abundancia.

El
sentido del humor, del que trataré con mayor extensión en un capítulo ulterior,
parece estar muy íntimamente relacionado con el sentido de la realidad, o
realismo. Si el bromista es a menudo cruel al desilusionar al idealista, cumple
de todos modos una función muy importante en ese mismo aspecto, al no dejar que
el idealista se dé de cabeza contra el muro de piedra de la realidad, y reciba
un golpe más rudo. También alivia gentilmente la tensión del acalorado
entusiasta y le hace vivir más tiempo. Al prepararle para la desilusión hace
probablemente que haya menos dolor en el impacto final, porque un humorista es
siempre como un hombre encargado del deber de dar malas noticias suavemente a
un enfermo agonizante. A veces la suave advertencia del humorista salva la vida
del enfermo agonizante. SÍ idealismo y desilusión deben ir necesariamente
juntos en este mundo, debemos decir que la vida es cruel, y no que es cruel el bromista
que nos recuerda la crueldad de la vida.

A
menudo he pensado en fórmulas por las cuales se puede expresar el mecanismo del
progreso humano y del cambio histórico. Me parecen ser así:

 

Realidad Sueños = Un ser animal.

Realidad + Sueños = Un dolor de Corazón
(comúnmente llamado Idealismo).

Realidad + Humor = Realismo (llamado también Conservadurismo)

Sueños Humor = Fanatismo.

Sueños + Humor = Fantasía.

Realidad + Sueños + Humor = Sabiduría.

 

De
modo, pues, que la sabiduría, o el más alto tipo de pensamiento, consiste en
atenuar nuestros sueños o idealismo con un buen sentido del humor, apoyado por
la realidad misma.

Como
puras aventuras en formulaciones seudocientíficas, podemos proceder ahora a
analizar los caracteres nacionales de la siguiente manera: Digo
"seudocientíficas", porque desconfío de todas las fórmulas muertas y
mecánicas para expresar cualquier cosa relacionada con asuntos humanos o con
personalidades humanas. Poner los asuntos humanos en fórmulas exactas demuestra
ya una falta de sentido del humor y, por ende, una falta de sabiduría. No
quiero decir que no se hacen estas cosas: sí, se hacen. Por eso tenemos hoy
tanta seudociencia. Cuando un psicólogo puede medir la inteligencia o la
percepción de un hombre ([1]), es
porque estamos en un mundo bastante pobre, y han surgido especialistas que
usurpan la escolástica humanizada. Pero si reconocemos que esas fórmulas no son
más que modos cómodos, gráficos, de expresar ciertas opiniones, y mientras no
arrastremos el sagrado nombre de la ciencia para que nos ayude a dar publicidad
a nuestras mercancías, no se hace mal alguno.

Las
que siguen son mis fórmulas para los caracteres de ciertas naciones,
enteramente personales y completamente al margen de toda prueba o verificación.
Todos tienen derecho a discutirlas y a cambiarlas o agregar otras, siempre que
no sostengan que pueden demostrar sus opiniones privadas con una masa de hechos
y cifras de estadística. Hagamos que "R" represente al sentido de
realidad (o realismo), que "I" valga por sueños (o idealismo),
"H" por el sentido de humor y —añadiendo un ingrediente de
importancia— "S" por sensibilidad ([2]). Y,
además, hagamos que "4" signifique "anormalmente elevado",
"3" signifique "elevado", "2"
"regular", "1", "bajo", y tendremos las
siguientes fórmulas seudoquímicas para los siguientes caracteres nacionales.

Los
seres humanos y las comunidades se comportan diferentemente, pues, según sus
distintas composiciones, como los sulfatos y sulfuros, o el monóxido y el
bióxido de carbono se comportan diferentemente. Para mí, lo interesante es
siempre ver cómo las comunidades humanas o las naciones se comportan
diferentemente en condiciones idénticas. Pues no podemos inventar palabras como
humorato o humoruro, según se hace en química, lo podremos decir así: "3
granos de Realismo, 2 granos de Sueños, 2 granos de Humor y un grano de
Sensibilidad hacen un inglés"([3]).

R3I2H2S1 == Los ingleses

R2l3H3S3 == Los franceses

R3l3H2S2 == Los americanos

R3I4H1S2 == Los alemanes

R2I4H1S1 == Los rusos

R2I3H1S1 == Los japoneses

R4l1H3S3 == Los chinos.

 

Lin Yutang: La importancia de vivir, Traducción de
Román A. Jiménez, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 6ª Edición, Julio 1943.
(Fragmento)


[1] No
objeto la limitada utilidad de los tests de inteligencia, sino sus pretensiones
de exactitud matemática y constante como medidas de la personalidad.

[2] En el sentido de la voz francesa sensibilité.

[3] Con
mucha razón, se podrá sugerir la inclusión de una "L", en
representación de la facultad lógica o racional, como elemento importante en la
conformación del progreso humano. Esta "L" funcionará a menudo
o pesará contra la sensibilidad, una
percepción directa de las cosas. Podría intentarse tal fórmula. Personalmente,
creo muy bajo el papel de la facultad racional en asuntos humanos.



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