Don Miembro se destapa

 

Entrevista con Don Pene

Cuando
acud
í a la cita con el pene para la primera ENTREVISTA EXCLUSIVA que concede en mucho tiempo, muy
amable, como casi
siempre, se paró y salió a recibirme. Durante las
siguientes dos
horas se mantuvo atento y dispuesto, algo poco
habitual en él.

He aquí mis preguntas y
sus respuestas.

P: Portada en SoHo y Donjuán, informe
especial en Carrusel,
notas en numerosas revistas e
incluso un documental de televisión sobre
usted. ¿No lo
fatiga tanta exposición pública?

R: Mi condición es más bien
recatada y tímida. Procuro no
hacer mucho ruido ni mucho
bulto, y solo en la intimidad desplie
go mi personalidad
sin remilgos. Por eso puedo asegurarle que me
fatiga asomarme a
la fama, y creo que esa fatiga a veces se nota.

P: Durante muchos años usted fue un
tema tabú. ¿Está contento
de no serlo más?

R: En absoluto. Como tabú era más
misterioso y atractivo,
suscitaba más intriga y
curiosidad. Ahora estoy a punto de conver
tirme, y perdóneme
la comparación, en un trozo de carne más, co­
mo el hígado o el
bazo.

P: ¿Considera inmerecida tanta fama?

R:
En ningún caso. No vaya a pensar que estoy crecido, pero considero que mi papel
es fundamental en el organismo humano. Soy lo que se denominaría un
pluriempleado: tengo a mi cargo de­beres de micción, de reproducción, de
satisfacción sexual y de sim­bolismo de género. No creo que ninguno de mis
colegas, ni siquiera el corazón o la cabeza, lleven a cuestas tantas
responsabilidades.

P:
Sin embargo, dicen que la cabeza es la principal zona erógena.

R:
Mentira. Si fuera así, las peluquerías estarían prohibidas por la Iglesia. Las
mujeres acuden con costosos peinados a recep­ciones y no ocurre nada. En
cambio, atrévase a exhibirme a mí en una fiesta y verá el revuelo que se arma.

P:
Uno de los problemas que surgen con su popularidad es la manera de denominarlo.
¿Le gusta el nombre de pene?

R:
Preferiría un poco más de respeto. Don Pene, por ejem­plo. Pero le confieso que
odio ese nombrecito, pues no corres­ponde a mi personalidad cambiante y fogosa.
Me gustaría haberme llamado Retruécano o Don Samaritano. Digo, por la fuerza
del sonido y la longitud de la palabra. Incluso, me habría transado porque me
llamaran Don Sama en estado de flacidez y el Gran Sama­ritano en estado de
entusiasmo.

P:
¿Le gusta el nombre de falo?

R:
Otra idiotez bisílaba. Y le ruego que no pasemos al capí­tulo de los nombres
femeninos, algo que rechazo indignado, pues un símbolo de la virilidad no puede
llevar nombre de mujer. Tam­poco los apodos infantiles: pipí, por .ejemplo. ¿A
usted le gusta­ría llamarse pipí?

P:
No.

R:
Bueno, pues a mí tampoco.

P:
¿Se siente bien representado por el Tino Asprilla?

R:
Le ruego que no descendamos al terreno de lo particular y lo casuístico. Yo soy
un modelo, una referencia general, un arquetipo. No me queda bien, por mi
posición, andar diciendo si esta o aquella representación me gustan o no.

P:
Pero dígame al menos si considera que el tamaño es importante.

R:
¡Pero cómo no va a ser importante! El tamaño impresiona, emociona, incluso
puede atemorizar. Lo que pasa es que NO es lo más importante. Mire: mi talla no
es lo que más me interesa, por­que yo no soy un basquetbolista sino un pipí.
Hay otros atribu­tos que merecerían mayor atención.

P:
Por ejemplo…

R:
Como en cualquier otro ser, los atributos espirituales: el cariño, la bondad,
la delicadeza, la solidaridad. Y, mucha atención, la caballerosidad.

P:
¿Por qué la caballerosidad?

R:
Pues porque un individuo educado se incorporará siem­pre en presencia de una
dama y porque el caballero repite.

P:
¿Qué opina de la circuncisión?

R:
La apruebo, aunque pueda resultar algo dolorosa. Yo siem­pre he sido muy
frentero, voy por la vida a pecho descubierto y re­chazo toda suerte de embozos
y disfraces. Mi personalidad no tiene pliegues.

P:
¿Considera al Viagra un amigo?

R:
Como dijo el filósofo: «Agradece toda mano que ayude a levantarte».

P:
¿Cree que el mundo está obsesionado con el sexo?

R:
Sí. A mí me gustaría que valoraran un poco más mis fun­ciones excretoras, por
ejemplo. Solo quienes han sufrido cistitis, cálculos de uretra o irritaciones
urinarias saben que, al lado de ellas, la disfunción eréctil es un juego de
niños.

P:
¿Algún consejo a los penes que lean esta entrevista?

R:
En caso de dificultades, queridos colegas, «fe y dignidad». Como en los viejos
tiempos.

 

[Tomado de: La mica del Titanic y otros artículos para naufragar de risa,
Daniel Samper Pizano, editorial Aguilar, 2009]



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