Señores, dedíquense a la apicultura…

La vida de las abejas…


“Conozco a muchas personas que, antes
de ser apicultores, aprovechaban cualquier hora libre (y hasta se la
tomaban sin permiso) para ir a la fonda a beber, a jugar a las cartas
o a acalorarse en absurdas argumentaciones políticas. Tan pronto
como se convertían en apicultores, se quedaban en casa con sus
familias, pasaban los ratos libres con las abejas cuando hacía buen
tiempo o leían escritos sobre ellas en las estaciones inclementes,
preparaban las colmenas, arreglaban los utensilios de apicultura, en
resumen, amaban el hogar y el trabajo. “Quedarse en casa”, sí,
esa es la consigna del buen ciudadano…”

[Tomado del Anuario de
Apicultura, del barón August von Berlepsch, Coburgo, 1868]

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