Meditación II


Meditación (II)

Al parecer, la meditación es una práctica inventada en la
India, que se extendió por todo el oriente, especialmente el Tibet, China y
Japón, ligada a la extensión del budismo. A mediados del siglo XX las técnicas
hindúes de meditación se dieron a conocer en Occidente, de la mano de swamis y
gurús traídos por la contracultura norteamericana, mientras que llegaban a
Europa algunos maestros japoneses de artes marciales y meditación zen.

Quiero recordar que la meditación oriental tiene poco o nada
que ver con la idea occidental de meditación, como la han entendido los
filósofos (y los místicos cristianos). Cuando Erasmo dice que “la filosofía es
una meditación de la muerte”, su idea de meditación es la que está bien
definida en el diccionario de la academia: “meditar. (del lat. meditāri). Aplicar con profunda
atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir
sobre los medios de conocerlo o conseguirlo”. La meditación oriental, por el
contrario, intenta detener el discurrir del pensamiento. De lo que diré algo
más adelante.

Meditación es pues una palabra occidental para una práctica
que nació en la India como una forma del Yoga. Posiblemente del bhakti
yoga o yoga de la devoción (distinto del hatha
yoga que se concentra en las asanas o
posiciones del cuerpo). Hoy en día abundan los manuales que enseñan la forma de
meditación hindú.

Aunque cada escuela y maestro puede agregar o quitar algún
elemento secundario, la práctica de la meditación consiste básicamente en tres
cosas: una postura del cuerpo, una atención a la respiración y una actitud
mental.

La práctica de la meditación está ligada a una forma de
sentarse que es casi natural en las culturas orientales. Pues todas las
culturas ancestrales, en todos los continentes, han sido obra de seres que se
sientan doblando las piernas, casi a ras del piso, (incluso cuando “van al
baño”). De allí que la primera dificultad que tiene que vencer el neófito es
aprender a sentarse sin silla, manteniendo la columna erguida; no
necesariamente porque haya alguna “energía” especial que circule por ella, sino
porque así puede respirar mejor.

En la versión hindú, la meditación puede hacerse sobre un
cojín (o cojines) de modo que se puedan doblar las piernas, en posición de loto
(piernas entrecruzadas, pies sobre el muslo) o semi-loto (se apoya en la otra).
La posición no debe producir ningún dolor, aunque es común que la circulación
no fluya y “adormezca” la pierna.

La posición recta de la columna, además de facilitar la
respiración, permite extender las manos y colocarlas sobre las rodillas. Al
principio se pueden empuñar las rodillas y balancear el tronco a lado y lado
para encontrar el centro de equilibrio en el coxis.

Los yoguis inventaron posiciones de las manos, durante la
meditación, que se conocen como mudras.
El más conocido es el maha mudra que
consiste en unir los dedos índice y pulgar de cada mano. Hacerlo puede
favorecer la concentración. ¿Concentración en qué? En la posición del cuerpo y
en la respiración. No se trata de controlar o dirigir la respiración, sino de
seguirla atentamente. Aunque al principio puede ayudar hacer algunas
respiraciones profundas para relajar los músculos de hombros, cuello y
estómago.

Una vez que se ha logrado la posición del cuerpo y
normalizado la respiración, el esfuerzo consiste en detener el flujo de
pensamientos (realmente de imaginaciones, recuerdos y asociaciones varias). Esto
es más difícil de lo que parece, pues no se trata de “poner la mente en blanco”,
ni de entrar en trance; se trata de concentrar la atención en algo, en la
respiración (para la técnica hindú), en la posición del cuerpo (para el za-zen o meditación zen). No se puede
parar de pensar mediante pensamientos, ni cerrando los ojos e imaginando cosas.
De allí que la técnica japonesa proponga meditar con los ojos abiertos, mirando
sin ver.

En la enciclopedia Encarta se puede encontrar información
básica sobre la meditación yoga:

“El yoga clásico enfatiza la purificación a través de la
meditación. Un yogui, o practicante del yoga, medita para alcanzar la dicha
auténtica, que implica un alejamiento del mundo. La meditación eficaz depende
de un cuidadoso control de la respiración y la concentración intensa en un
único objeto. El yogui se esfuerza para trascender del cuerpo y la materia a
través de una firme meditación. (…) La meditación busca alcanzar el
autocontrol y el control de las relaciones con el entorno. Durante la meditación
el pensamiento se separa de la percepción, de esta forma el individuo puede
permanecer apartado de sus emociones. Según sus defensores, la meditación
vuelve a los participantes más conscientes de Dios y más cercanos a las
cualidades divinas de la vida. Se ha venido practicando durante siglos y es una
parte vital de muchas religiones orientales, asiáticas e indias; los budistas
emplean la meditación para purificar la mente y conseguir la interiorización.
Tiene la ventaja de que se puede practicar en cualquier lugar y en cualquier
momento, aunque es mejor hacerlo en una posición confortable con los ojos
cerrados y con una relajación completa de todos los músculos. La mayoría de
programas de meditación prestan mayor atención al medio interno, a algún
aspecto de los sentimientos, un pensamiento, un proceso físico, o un sonido.
También se puede intentar con un enfoque externo, como un objeto o una
actividad física.” (Microsoft, Encarta, 2007).

(Continuará)



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