Meditación (III)

Meditación (III)

Si los sentidos y los pensamientos son una fuente de distracción, la meditación buscará suspenderlos. Así lo aconseja Lao Tse (Lao Dan) en el Libro del Tao (o Lao Zi): “Si bloqueas las aberturas y cierras las puertas, llegarás sin debilitarte al final de la vida” (XV-LII). Los yoguis practicaron todas las formas de “bloquear las aberturas y cerrar las puertas” de los sentidos y el pensamiento. Buscaron la iluminación en las luces interiores del cuerpo (presionando ligeramente los ojos cerrados) y en sus sonidos (bloqueando los oídos con la yema de los dedos sobre el trago de las orejas). Incluso descubrieron la forma de enroscar e introducir la lengua en el conducto que une boca y nariz, con la esperanza de recibir un dulce néctar que provendría de la glándula pineal y que otorgaría longevidad y sabiduría (una súper melatonina).

Los chinos, más pragmáticos, mantuvieron la práctica de la meditación en la respiración y sus aplicaciones sexuales. Y los japoneses, más preciosistas, redujeron la meditación a la disciplina de la postura. Al menos en la versión de la escuela del Soto Zen[1].

La postura del za-zen o meditación zen, se diferencia de la meditación hindú principalmente en dos cosas: la columna deba estar apoyada sobre el triángulo formado por las dos rodillas y el coxis (o la base de la nalga). Si es necesario, se pueden usar cojines o pequeñas sillas para lograr este apoyo, o se pueden doblar las piernas bajo las nalgas, sin necesidad de cruzarlas. La segunda diferencia está en la postura de las manos. Mientras que el meditador hindú hace el mudra con cada mano sobre las rodillas (juntando los dedos índice y pulgar) el meditador zen pone las manos una sobre otra en el bajo vientre y forma el mudra juntando los pulgares.

Claro, la actitud mental que proponen ambas es de vaciamiento de la mente, pero, mientras que el meditador hindú está a la espera del nirvana, el meditador zen no debe esperar nada. Así lo dice el maestro Shunryu Suzuki:

“Tomar la postura es asumir el correcto estado de la mente. No es necesario obtener algún estado especial de la mente.

Lo que llamamos “yo” no es más que una puerta batiente cuando inhalamos y exhalamos.

La mejor manera de tener a un buey o a un carnero bajo control, es ponerlo en una pradera bien amplia.

Detener su mente no significa detener la actividad de la mente. Significa que su mente penetra todo su cuerpo. Con su mente plena usted forma el mudra con sus manos”

-Shunryu Suzuki (1905-1971): Mente zen, mente de principiante

[1] Las dos escuelas japonesas, Soto y Rinzai, son continuación de una división que se había producido en el Zen chino entre la escuela del Mokusho Zen (Moku: sentarse en silencio; sho: luz espiritual, del cual salió la escuela del Soto Zen, que enfatiza la meditación o za-zen) y la del Kanna Zen (kanna: “atender a las palabras”, que es lo caracteriza práctica de los koans y mondos, acertijos y diálogos, en la escuela del Rinzai Zen).



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