La cosa del género

Un mirón en la Granja (4)

La cosa del género

En los últimos días ha salido a flote una tendencia “feminista” en el reality. Algunas mujeres han movido la idea de un “pacto de género” por el cual las mujeres se protegen entre ellas, independientemente de que pertenezcan a equipos rivales. Es una estrategia, y en el juego, como en la guerra, casi toda estrategia vale. Pero la estrategia siempre roza el límite de lo éticamente correcto, así en la vida como en el juego.

En la historia siempre ha sucedido que los “débiles”, los oprimidos, las minorías se deben unir para enfrentar a los “fuertes”, los dominantes, las mayorías. “La unión hace la fuerza” es un lema tan antiguo como la humanidad. Lo problemático del asunto es que los individuos participan siempre de varios grupos de referencia, uno de los cuales puede tener intereses contrarios a otros. Es el caso. Las mujeres pertenecen a los bandos enfrentados, el grupo azul y el grupo rojo, y, a la vez, al grupo “natural” del género femenino. ¿Por qué no se asocia la preocupación de género con los varones? Porque estas filiaciones reivindicativas surgen de los grupos que se sienten en condición de inferioridad. Descartando que las mujeres se sientan inferiores en asuntos de habilidad o destreza, parece que la única justificación posible sea el nivel de la fuerza. ¿Son realmente más débiles las mujeres que los hombres? Sí, en general, sobre todo si la fuerza se entiende como mera cuestión de músculo. Pero, en el reality como en la vida, hay mujeres más fuertes que los hombres, especialmente cuando han sido deportistas de alto rendimiento, como la Chechi Baena. Ante esto hecho, la justificación moral de la unión de las mujeres contra los hombres parece menos válida, especialmente si las obliga a hacer un doble juego, o a tener que elegir entre su fidelidad al grupo oficial y su fidelidad al género.

Complejo es el mundo de la estrategia. Y el asunto ético se plantea cuando las acciones rozan el límite entre lo conveniente (para mí, para mi grupo, para mi género) y el juego limpio. Hasta la guerra tiene sus reglas.

El otro asunto relacionado es el del “doble juego”. Las mujeres que juegan por un lado como “jornaleras” o “labriegas” y por el otro como mujeres; y los dos líderes (Juan Pablo y Julio Nava) que ya han sido acusados por ellas de “proteger” a las mujeres para facilitar la eliminación de sus contendores y ganar más fácilmente al final. Pero este tema del “doble juego” amerita una reflexión más juiciosa que dejo para después.



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