Diario de Mr. Gardiner: Notas sobre radio cultural

Notas breves sobre la radio cultural
– Ya dejé anotado en este blog que en el barrio de la niñez escuchaba radio, era un ritual familiar antes de la llegada de la televisión. El radio estaba en la cocina, en la sala, en el comedor y en la alcoba. En la mañana escuchábamos desde la cocina “La escuelita de doña Rita” o “Las aventuras de Montecristo”; al mediodía, en el comedor, “La ley contra el hampa” (con su coletilla de Toñito el gruñón, “remedio para los males y para los males remedio, caramba”), y al atardecer, en la sala, “Kalimán, el hombre increíble” o “Arandú, el príncipe de la selva”. Las noches podían ser para Ever Castro y los chaparrines, o para alguna radionovela. Sólo en Semana Santa se podía escuchar en la radio algo de música clásica, en medio de los interminables sermones.
– Ya rescatado de la gaminería infantil, en el Liceo, empecé a buscar las emisoras de música clásica. En Medagro, la ciudad que no me vio crecer, aunque yo sí, había tres emisoras culturales: La emisora de la Universidad Pontificia Bolivariana, la de la Universidad de Antioquia, y la de la Cámara de Comercio. Esta última superaba, en calidad técnica por lo menos, a las de las universidades, y la de Bolivariana siempre me pareció mejor que la de mi pública alma mater. En la de la Cámara de Comercio contaban con el talento y la bella voz de Aurita López, que conocimos en la librería Aguirre.
– Ahora, en la ciudad que me está viendo envejecer, Cali-yuga, también frecuento tres emisoras, en orden decreciente: La emisora de Carvajal y Cía., ahora llamada Clásica 88.5, la emisora de la Universidad Pontificia Javeriana, sede Cali, y la emisora de Univalle (tan artesanal, improvisada y mediocre como su canal de TV, lamento decirlo).
– Sucede que los mejores programas de la radio cultural que escucho (aparte de los conciertos clásicos) son las retransmisiones de los programas hechos por emisoras europeas: la radio nacional de España, Radio Francia internacional y la alemana Deutsche Welle radio. En los programas nacionales hay poca creatividad y mucha seudocultura (tendré que volver sobre esto).
– Mi escalafón de preferencias quedaría así: entre las dos del capital privado, prefiero la de la los comerciantes paisas que la de los industriales vallunos, entre las dos Pontificias, prefiero la Bolivariana; y entre las dos públicas, prefiero la de la U de A. Se dirá que juzgo por regionalismo, pero sólo el que las haya escuchado podrá discutirlo.


One Comment on “Diario de Mr. Gardiner: Notas sobre radio cultural”

  1. hfyts dice:

    RECETA DE MUJER
    (Vinicius de Moraes)

    Que las muy feas me perdonen,
    pero la belleza es fundamental. Es preciso
    que haya algo de flor en todo eso,
    algo de danza, algo de haute couture
    en todo eso (o entonces
    que la mujer se socialice elegantemente en azul, como en la
    República Popular de China).
    No hay término medio posible. Es preciso
    que todo eso sea bello. Es preciso que de súbito
    se tenga la impresión de ver una garza apenas posada y que
    un rostro
    adquiera de vez en cuando ese color que sólo se encuentra en
    el tercer minuto de la aurora.
    Es preciso que todo eso sea sin ser, pero que se refleje y
    manifieste
    en la mirada de los hombres. Es preciso, es
    absolutamente preciso
    que todo sea bello e inesperado. Es preciso que unos
    párpados cerrados
    recuerden un verso de Éluard y que en unos brazos se acaricie
    algo más allá de la carne: que se los toque
    como el ámbar de una tarde. Ah, y permítanme que les diga
    que es preciso que la mujer que está allí como la corola ante
    el pájaro
    sea bella o tenga al menos un rostro que recuerde un templo y
    sea leve como escombro de nube: pero que sea una nube
    con ojos y nalgas. Las nalgas son muy importantes, para
    no hablar
    de los ojos, que deben mirar con cierta maldad inocente. Una boca
    fresca (nunca húmeda) es también de extrema pertinencia.
    Es preciso que las extremidades sean magras; que unos huesos
    sobresalgan, sobre todo la rótula al cruzar las piernas y las
    puntas de la pelvis
    cuando se ciñe una cintura ondulante.
    Gravísimo es sin embargo el problema de las fosas claviculares:
    una mujer sin ellas
    es como un río sin puentes. Es indispensable
    que haya una hipótesis de barriguita, que enseguida
    la mujer se alce en cáliz y que sus senos
    sean una expresión greco-romana, más que gótica
    o barroca,
    y puedan iluminar en lo oscuro con una capacidad mínima
    de cinco velas.
    Es de suma importancia que la calavera y la columna vertebral
    se muestren levemente; ¡y que exista un gran latifundio
    dorsal!
    Que los miembros rematen en astas y que los muslos
    tengan cierto volumen:
    que sean lisos, lisos como pétalo y cubiertos de finísimo vello,
    aunque sensibles a la caricia en sentido contrario.
    Es aconsejable en la axila una suave hierba con aroma propio
    apenas perceptible (¡un mínimo de productos farmacéuticos!).
    preferibles sin duda los cuellos largos,
    de modo que la cabeza dé a veces la impresión
    de no tener nada que ver con el cuerpo, y la mujer no evoque
    flores sin misterio. Las manos y los pies deben tener elementos
    góticos
    discretos. La piel debe ser fresca en las manos, brazos,
    lomo y rostro,
    pero en las concavidades y huecos la temperatura nunca debe
    ser inferior
    a 37º centígrados, pudiendo eventualmente provocar quemaduras
    de primer grado. Los ojos, que sean de preferencia grandes
    y de rotación al menos tan lenta como la Tierra, y
    que estén siempre más allá de un invisible muro de pasión
    que es preciso trasponer. Que la mujer sea en principio alta
    o, en caso de que sea bajita, que tenga la actitud mental
    de las cumbres elevadas.
    Ah, que la mujer dé siempre la impresión de que si cerramos
    los ojos,
    al abrirlos ella ya no estará presente
    con su sonrisa y sus tramas. Que ella surja, no que venga; que parta, no que se vaya
    y que posea una cierta capacidad de enmudecer súbitamente
    y nos haga beber
    la hiel de la duda. Y, sobre todo,
    que no pierda nunca, no importa en qué mundo
    ni en qué circunstancias, su infinita volubilidad
    de pájaro; y que acariciada en el fondo de sí misma
    se transforme en fiera sin perder su gracias de ave; y que exhale
    siempre
    el perfume imposible; que destile siempre
    embriagadora miel; que cante siempre el inaudible canto
    de su ardor; que no deje de ser nunca la eterna bailarina
    de lo efímero, y en su incalculable imperfección
    constituya la cosa más bella y más perfecta de toda la creación
    innumerable.


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