Para un hedonismo libertario

Para llenar de memoria el agujero negro.

…Una vez que el individuo ha sido descrito, mostrado y circunscrito, una vez que la indigencia y la máxima deconstrucción han creado las condiciones de posibilidad de esta figura, se trata de hacer algo. Tras caer al nivel cero de la unidad y frente a aquello que permite construir o reconstruir, la cuestión es ahora remontarse hacia una complejidad que determina y define el tránsito de la ontología y la metafísica a la política. Lo habitual es que toda política proponga un arte de someter al individuo y de convertirlo en sujeto con ayuda de los inconvenientes y las ventajas que una persona permite. Es excelente como técnica de integración de la individualidad en una lógica holista en la que el átomo pierde su naturaleza, su fuerza, y su potencia. No sólo las francas utopías, sino también los proyectos de sociedad que han pretendido basarse en la ciencia, la positividad, el más sobrio utilitarismo, han propuesto este axioma: es necesario destruir el individuo, reciclarlo, integrarlo en una comunidad proveedora de sentido. Todas las teorías del contrato social se apoyan en esta lógica: fin del ser indivisible, abandono del cuerpo propio y advenimiento del cuerpo social, único al que en adelante se permite reivindicar la indivisibilidad y la unidad que habitualmente se asocian al individuo.

Pero aún no está escrita la política que construye sobre la mónada, por y para ella. En cuanto arte de olvidar, descuidar, contener, retener, canalizar, superar o pulverizar al individuo, propone desde hace siglos variaciones sobre el tema de esta negación. Jamás se percibe y se concibe al individuo como una entelequia, sino siempre como una parcela, un fragmento que, para tener existencia real, necesita un promotor de sentido y de verdad. Sumisión, sujeción, sometimiento, renuncia, subsunción: siempre se apela al todo para acabar con la parte, que, sin embargo, triunfa como un todo por sí misma.

Todas las políticas han tendido a esta transmutación del individuo en sujeto: los monárquicos en nombre del rey, figura de derecho divino, representante en la tierra del principio unitario celeste; los comunistas, en virtud del cuerpo social pacificado, armonioso, sin clases, sin guerras, sin contradicciones, resuelto finalmente al modo monoteísta; los fascistas, con la mirada puesta en la nación homogénea, la patria militarizada y sana; los capitalistas, obsesionados por la ley del mercado, la regulación mecánica de sus flujos de dinero y los beneficios obtenidos. Tradicionalistas e integristas, junto con ortodoxos y dogmáticos, cuentan con eficientes auxiliares entre los positivistas, los científicos y ciertos sociólogos para los que el sacrificio de lo distinto se realiza, en nombre de los universales en los que comulgan: Dios, el Rey, el Socialismo, el Comunismo, el Estado, la Nación, la Patria, el Dinero, la Sociedad, la Raza y otros artificios que los nominalistas han combatido desde siempre.

En estos mundos en los que triunfa el culto de los ideales, de universales generadores de mitologías —totalitarias o democráticas—, el individuo pasa por ser una cantidad despreciable. Únicamente se lo tolera y celebra cuando pone su existencia al servicio de la causa que lo supera y a la que todos rinden culto. El Sacerdote, el Ministro, el Militante, el Revolucionario, el Funcionario, el Soldado, el Capitalista, todos brillan como auxiliares de estas divinidades que producen el consenso de la mayoría. ¿Dónde están las individualidades solares y solitarias, mágicas y magníficas? ¿Qué se ha hecho de las radiantes excepciones en las que se encarna hasta la incandescencia esta conciencia que no se disuelve bajo la opresión? ¿Qué pasa con los cometas que atraviesan el cielo, solitarios y soberbios, antes de desaparecer en la noche?

Aspirar a una política libertaria es invertir las perspectivas: es someter lo económico a lo político, pero también poner la política al servicio de la ética, hacer primar la ética de convicción sobre la ética de responsabilidad, para reducir luego las estructuras al mero papel de máquinas al servicio de los individuos, no a la inversa…

Cartografía infernal de la miseria

Lejos del Harar donde Rimbaud expiaba su genio visionario, un barco ebrio descendió por ríos impasibles en los que, entre juncos que se descomponían en las enormes marismas, se pudría un Leviatán que, a cincuenta leguas, acompañaba el resoplido de los Behemots en celo. He vuelto a encontrar estos voraces y crueles animales bajo la pluma de Thomas Hobbes, cuando habla del cuerpo social y de la mejor teoría política, según sus deseos. Leviatán es el nombre del autómata al que se asimila esta máquina política, semejante a un mecanismo animado por resortes, cuerdas y engranajes a modo de corazones, nervios y articulaciones de un gran animal obsesionado por el alimento y totalmente dedicado a lo que puede satisfacer su apetito de ogro.

El Leviatán es un monstruo del caos primitivo, una especie de serpiente capaz de zamparse el sol de una sola vez y provocar de esa manera eclipses en cuyo transcurso las brujas lanzan sus hechizos. Abandona el mar, donde no obstante reposa cuando se lo deja en paz, para imponer el terror entre la mayor parte de los hombres que, en la actualidad, viven bajo su régimen y su poder, en su temor y según sus caprichos. En cuanto a Behemot, es un devastador fantástico, un herbívoro hambriento que engulle la vegetación de mil montañas, razón por la cual se ha convertido en emblema de la fuerza bruta.

Acertadamente evoca Hobbes este bestiario fantástico para referirse a la omnipotencia del cuerpo político, el cuerpo social y las máquinas para someter al individuo al registro de lo comunitario, que se presenta como la máxima virtud. Animales devoradores, totalmente ignorantes de la matanza que llevan a cabo, bestias hambrientas que destruyen a su paso toda subjetividad, Leviatán y Behemot constituyen la zoología política en virtud de la cual el hombre representa una presa privilegiada para el depredador, monstruo fabuloso que aniquila todo lo que sea más pequeño que él. Esta máquina histérica ha producido en la tierra un infierno contemporáneo cuya cartografía quisiera proponer aquí. Así como ha habido mapas del país del Amor, portulanos y sextantes que se llevaban a bordo para dibujar las líneas costaneras, las arenas que el viento proyectaba peligrosamente sobre la costa, movedizos y engañosos bancos de arena, precipicios y picos, montañas y abismos, acantilados empinados como tejos tendidos hacia el cielo, o aguas falsamente dormidas que ocultan profundas depresiones, corrientes y torbellinos invisibles, así hay también una geografía infernal* una tipología que una vez se puso de manifiesto en la Divina Comedia.

En Dante he amado los nueve círculos y los tres recintos, las diez fosas y las cuatro zonas que forman el infierno, cuando no las siete cornisas del purgatorio, que no sirven para obtener información de una Beatriz soñada, pero sí para seguir tratando de comprender qué es lo que, aquí y ahora, constituye el infierno que algunos viven en la tierra. No es frecuente que la miseria, que recorre estas tierras infernales de un extremo a otro, se convierta en objeto filosófico. Más a menudo es la sociología la que se apodera de ella para nombrarla, describirla, mostrarla, afirmar su existencia, cuantificarla, y eso ya es mucho. Pero los filósofos, ¿dónde están? ¿Qué hacen los intelectuales y qué dicen sobre esta cuestión?

M. Onfray, Política del rebelde

Geografía infernal

PRIMER CÍRCULO: LOS CONDENADOS

Deyecciones del cuerpo social

(Privación de humanidad)

Sin domicilio fijo

Vagabundo

Clochard

SEGUNDO CÍRCULO: LOS REPROBOS

Patología del cuerpo social

RECINTO

Cuerpo improductivo

(Privación de actividad)

Viejos

Locos

Enfermos

Delincuentes

FOSA

Fuerzas improductivas

(Privación de trabajo)

Inmigrantes clandestinos

Refugiados políticos

Parados (desempleados)

Receptores de la renta mínima de inserción

Trabajadores temporales

TERCER CÍRCULO: LOS EXPLOTADOS

Fuerzas del cuerpo social

ZONA

Fuerzas nómadas

(Privación de seguridad)

Contratados

Aprendices

CORNISA

Fuerzas de trabajo sedentarias

(Privación de libertad)

Adolescentes

Escolarizados

Prostitutas

Proletarios

Cartografia del universo dantesco


3 comentarios on “Para un hedonismo libertario”

    • Argunauta dice:

      Tienes razón Carlos H. De hecho, Onfray considera a Foucault como un ideólogo de lo que él denomina un nietzscheanismo de izquierdas. (Lo del manual de nalgas era un chiste, habrá que inventar algo para no defraudar a mi único lector. ) Un abrazo

  1. carlos dice:

    “Todas las teorías del contrato social se apoyan en esta lógica: fin del ser indivisible, abandono del cuerpo propio y advenimiento del cuerpo social, único al que en adelante se permite reivindicar la indivisibilidad y la unidad que habitualmente se asocian al individuo.
    Pero aún no está escrita la política que construye sobre la mónada, por y para ella. En cuanto arte de olvidar, descuidar, contener, retener, canalizar, superar o pulverizar al individuo, propone desde hace siglos variaciones sobre el tema de esta negación. Jamás se percibe y se concibe al individuo como una entelequia, sino siempre como una parcela, un fragmento que, para tener existencia real, necesita un promotor de sentido y de verdad. Sumisión, sujeción, sometimiento, renuncia, subsunción: siempre se apela al todo para acabar con la parte, que, sin embargo, triunfa como un todo por sí misma.”

    El anterior fragmento en su entrada me recuerda el trabajo de Michael Foucault La Verdad y las Formas juridicas cuando habla de la transformacion del saber como instrumento de poder y sus tecnologias de dominacion y domesticacion del individuo, tales como el Panoptico:

    “Entramos así en una edad que yo llamaría de ortopedia social. Se trata de una forma de poder, un tipo de sociedad que yo llamo sociedad disciplinaria por oposición a las sociedades estrictamente penales que conocíamos anteriormente. Es la edad del control social. Entre los teóricos que he citado hay uno que de algún modo previó y presentó un esquema de esta sociedad de vigilancia, de gran ortopedia social, me refiero a Jeremías Bentham. Pido disculpas a los historiadores de la filosofía por esta afirmación pero creo que Bentham es más importante, para nuestra sociedad, que Kant o Hegel. Nuestras sociedades deberían rendirle un homenaje, pues fue él quien programó, definió y describió de manera precisa las formas de poder en que vivimos, presentándolas en un maravilloso y célebre modelo de esta sociedad de ortopedia generalizada que es el famoso Panóptico, forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que vale tanto para las escuelas como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas.” […] “El panoptismo es una forma de saber que se apoya ya no sobre una indagación sino sobre algo totalmente diferente que yo llamaría examen.” […] “En el Panóptico se producirá algo totalmente diferente: ya no hay más indagación sino vigilancia, examen. No se trata de reconstituir un acontecimiento sino algo, o mejor dicho, se trata de vigilar sin interrupción y totalmente. Vigilancia permanente sobre los individuos por alguien que ejerce sobre ellos un poder —maestro de escuela, jefe de oficina, médico, psiquiatra, director de prisión— y que, porqueejerce ese poder, tiene la posibilidad no sólo de vigilar sino también de constituir un saber sobre aquellos a quienes vigila. Es éste un saber que
    no se caracteriza ya por determinar si algo ocurrió o no, sino que ahora trata de verificar si un individuo se conduce o no como debe, si cumple con las reglas, si progresa o no, etcétera. Este nuevo saber no se organiza en torno a cuestiones tales como «¿se hizo esto?, ¿quién lo hizo?»; no se ordena en términos de presencia o ausencia, existencia o no– existencia, se organiza alrededor de la norma, establece qué es normal y qué no lo es, qué cosa es incorrecta y qué otra cosa es correcta, qué se debe o no hacer.” M. Foucault, La Verdad y las Formas Juridicas (Ed. Gedisa,1996).

    P.D: Aun espero su manual sobre nalgas, a proposito de “Tetas, piernas y nalgas”


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