Yo me llamo… Míster Gardiner

Desde mi Jardín (Mister Gardiner’s Diary)
Como si no fuera suficiente el cuidado que demanda el Jardín (me dedicaré a las heliconias, que crecen sin muchos cuidados) vienen los aprendices de jardineros a preguntarme todo tipo de cosas (debe ser por lo de la medalla que gané con mi trifoluim aristotélicus): que si conozco semillas que permitan a los buchones del pantano superar su incipiente alimentación y pasar a la universitas; que si los jóvenes cactus de las barriadas pueden aprender a regularse según la moral kohlbertiana; que si los párvulos guayacanes de la escuela pueden lograr la autonomía antes de recibir todas las semillas de la Iglesia; que si los cartuchos de la Corte Constitucional prejuzgan a los canabiciosos de las calles y universidades; en fin, que si las hojas del platanillo permiten explicar la diferencia entre ficción y realidad que se le escapa al vaquero searleano… y hay más, tantas que cansan.
Así que les digo, muchachos, soy un ignorante desvergonzado, si sabía algo, ya lo he olvidado… estoy dedicado a las heliconias, son tan hermosas, con sus flores macho, sus flores pájaro, sus flores de cono, sus flores de flores; todas grandes y carnosas, hechas para vivir a la interperie sin sucumbir a la primera tormenta… ¿quién fuera como ellas?
Dicho lo cual, cierro el taller, enciendo mi pipa, y veo la tevé. Algunos noticieros, el concurso de imitadores (Yo me llamo…) y nada más. Evito enamorarme de las presentadoras, desde que me creí tanto mi traga de mi Sílfide Corza que me dolía no tenerla. Pendejoquesuno.
El concurso de imitadores ha resultado muy divertido, sobre todo al comienzo (porque los malos imitadores dan mucha risa) y no tanto ahora, cuando todos los imitadores son relativamente buenos. Cada quien terminará juzgando por sus gustos y el concurso se decidirá por votación popular, supongo. A mí me gustan los que imitan a los cantantes que me gustan: Nino Bravo (¿ya salió?), Plácido Domingo (cuyo imitador tuvo que emberracarse con los mediocres entrenadores que les han asignado), Roberto Carlos, Rubén Blades… y no más. Reconozco que el imitador de Helenita Vargas me ha descrestado (me gusta más que la original); el de Darío Gómez es muy bueno; pero, en los demás casos, si no me gusta el original, mucho menos el doble.
Bueno, eso era todo, casi nada.



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