De Chamanes y otras hierbas

El escándalo por el pago de casi $4’000.000 al chamán Jorge Elías González para que impidiera la lluvia en la clausura de un campeonato de fútbol –aparte de que podría ser una cortina de humo para tapar el cuantioso desfalco del que fue objeto la nación en tal evento- podría servir de escusa para varios temas de discusión: ¿Cómo conviven las prácticas mágicas antiguas con las confesiones religiosas cristianas? ¿Además de los conocimientos empíricos de la farmacopea botánica, tienen los chamanes la capacidad de ver o modificar el futuro, por ejemplo, haciendo algo que para la técnica occidental sería muy difícil, como controlar el clima? ¿Es válido que los recursos económicos del estado se inviertan en prácticas mágicas para algún propósito?
Con ingenua soberbia el chamán, ante la posible citación ante las autoridades judiciales, ha dicho que “a nadie se le puede juzgar por hacer bien su trabajo”. Soberbio porque se cree su cuento, él impidió que lloviera; ingenuo porque su frase es ambigua, los delincuentes y criminales también “hacen bien su trabajo”. Hay, pues, de trabajos a trabajos.
Un pueblo que cree que las reliquias de los santos hacen milagros, el prepucio del niño Jesús, el cilicio de algún mártir, la sangre de un papa, todo puede ser milagroso en el brumoso mundo de la magia, así esté disfrazada de piedad y fervor religioso. Un pueblo que sale de misa y va a la lectura del cigarrillo o el tabaco; que sale del colegio o la universidad y prende un cirio al “Señor caído” para que la mamá se cure de cáncer. Un pueblo que cree en hierbas y baños para mejorar la suerte, el negocio, o para “amarrar” a la pareja. Un pueblo así, no se pregunta si el chamán puede o no parar la lluvia, se pregunta si no estará cobrando muy caro.
Nuestros antropólogos, posmodernos desde antes del posmodernismo, han terminado convencidos de que su deber moral y político es aceptar como verdaderas las cosmovisiones y las prácticas mágico-religiosas de las comunidades indígenas y afro-descendientes. Uno de ellos responde en la tv que los “médicos ancestrales” “armonizan a las personas con la naturaleza, las piedras, las aguas, etc.” lo que probaría que pueden hacer lo que dicen. Pero resulta que nuestro chamán de marras no es un “médico tradicional” sino uno que, dice, aprendió “ciencias ocultas” a desde los 10 años. Aprendió a “programar un campo magnético” que impide la lluvia, a base de pases mágicos, conjuros y padrenuestros. Dice conocer la “radiestesia”, ciencia que permite investigar las “cosas ocultas”, tan ocultas que los cerebros más poderosos de occidente no han dado con ellas.
Mientras que la miseria intelectual y material siga siendo lo común en este pueblo, pervivirán la magia, las supersticiones y las jugosas ganancias de las grandes iglesias. Lo demás es armar tormentas en un vaso sin lluvia.



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